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La situación del cáncer cérvico uterino en la provincia de Manabí refleja una alta incidencia que mantiene en alerta a la comunidad médica, especialmente durante el mes en que se conmemora a la mujer. Este padecimiento, vinculado estrechamente al contagio producido por el virus del papiloma humano (VPH), requiere un enfoque integral en la prevención para salvar vidas y evitar desenlaces trágicos. Mantener una adecuada salud sexual en las mujeres biológicas es el primer paso para reducir estas alarmantes cifras en la región, donde el virus suele actuar como un ente silencioso.
El médico Otto Giler señala que el virus del papiloma humano (VPH) suele manifestarse tras años de promiscuidad o debido a un inicio muy temprano de las relaciones sexuales en nuestro medio. Lamentablemente, muchas pacientes llegan a la consulta con un diagnóstico excesivamente avanzado, en etapas donde las opciones médicas son limitadas. “Lo verdaderamente valioso y beneficioso sería tener un diagnóstico precoz para poder actuar a tiempo y evitar que llegue a un desenlace fatal como sería la muerte”, afirma el especialista sobre la importancia de la salud sexual.
El desafío del cáncer cérvico uterino
Actualmente, el sistema de salud enfrenta retos significativos, pues el Papanicolaou convencional no siempre es suficiente bajo los protocolos internacionales actuales. La técnica de citología líquida surge como una alternativa superior, ya que permite un mejor estudio de las células y la genotipificación precisa del virus del papiloma. Sin embargo, el acceso a estos protocolos avanzados en los establecimientos del Ministerio de Salud Pública y del IESS sigue siendo una tarea pendiente para fortalecer la salud sexual femenina.
Más allá de los recursos técnicos, existen barreras culturales profundas, como el machismo arraigado, que impiden que las mujeres acudan a los chequeos preventivos. El doctor menciona que muchas féminas aún dependen del permiso de su pareja sexual para realizarse un examen ginecológico, lo cual vulnera su autonomía. El empoderamiento femenino debe trascender el discurso y traducirse en acciones concretas de autocuidado y monitoreo constante de su propia salud sexual, asistiendo a las brigadas de detección.
Diagnóstico oportuno y barreras sociales
El protocolo médico sugiere que las mujeres inicien sus controles especializados a los dos años de haber comenzado su actividad especialista. Si los resultados son normales y se mantiene un único compañero sexual, el examen puede realizarse cada tres años para vigilar la aparición de posibles lesiones precancerígenas. Identificar a tiempo cualquier anomalía en el cuello del útero es vital para prevenir el desarrollo de tumores malignos y asegurar una salud sexual plena y duradera a lo largo de la vida.
La vacunación contra el VPH es otra herramienta fundamental que el Estado aplica a niñas de entre 12 y 14 años para prevenir futuros contagios. El doctor Giler destaca que hoy se reconoce la efectividad de una sola dosis y que es vital incluir a los varones en estos esquemas de protección. Dado que los hombres son los principales transportadores del virus hacia las células del aparato genital femenino, su inmunización es una pieza clave en la estrategia global de salud sexual.
Innovación tecnológica y vacunación
La educación integral que nace desde el hogar es el punto de partida para que las adolescentes comprendan las implicaciones de su madurez física y biológica. Es fundamental que la madre o un tutor responsable guíe a las jóvenes en la programación de su fertilidad, evitando que un inicio temprano de las relaciones derive en un conflicto personal. “Puedes vivir tranquilamente tu plenitud, pero previniendo un embarazo no deseado”, explica Giler, subrayando que la información es el escudo principal de la salud sexual.
Iniciar la vida reproductiva a los 12 o 13 años conlleva riesgos físicos severos que pueden manifestarse décadas después en forma de prolapsos o incontinencia. Aunque el cuerpo joven sea capaz de resistir un parto, la falta de madurez biológica y la ausencia de revisiones periódicas con el ginecólogo agravan el pronóstico de salud. Además, el aumento de patologías tumorales como el cáncer de mama exige una vigilancia estrecha desde la juventud para proteger la integridad de la salud sexual femenina.
El rol de la familia en la adolescencia
Incluso las mujeres que optan por la abstinencia sexual o que nunca han tenido relaciones deben someterse a chequeos periódicos para descartar problemas en el ovario. Mediante una ecografía abdominal y el seguimiento de marcadores tumorales, los especialistas pueden detectar patologías en pacientes que no requieren una exploración genital convencional. La regularidad en la menstruación y la atención a ciclos irregulares son indicadores que las familias no deben ignorar para garantizar una estabilidad en la salud sexual.
La reactivación de la SEPGIP (Sociedad Ecuatoriana de Patología del Tracto Genital Inferior y Colposcopía) en Manabí marca un hito en la investigación científica de la provincia. Bajo la presidencia de Giler en este 2026, la sociedad busca elevar el nivel de la academia y brindar apoyo directo en la detección precoz del cáncer cérvico uterino. Esta organización se proyecta como un aliado estratégico para instituciones como SOLCA, fortaleciendo el conocimiento médico y el servicio comunitario sobre la salud sexual.
Compromiso científico con la comunidad
A través de alianzas estratégicas con la alcaldía y la prefectura, se pretende llevar brigadas médicas y material didáctico a las zonas rurales y barriales más necesitadas. La formación gráfica y verbal permitirá que la comunidad tenga un conocimiento real sobre los riesgos del VPH y las ventajas de la citología líquida. Estas brigadas de desarrollo humano son esenciales para romper el círculo de la desinformación y acercar los servicios de diagnóstico a todas las mujeres por su salud sexual.
“Mujer, no te dejes de mirar”, es el mensaje final y contundente del doctor Giler, instando a la autoexploración y a la consulta profesional cada año. La atención ginecológica no debe ser una reacción ante el dolor o el sangrado, sino una práctica preventiva que se incorpore a la rutina de vida. Priorizar el bienestar y acudir al especialista ante cualquier flujo o cambio sospechoso es el acto de mayor responsabilidad que se puede ejercer sobre la salud sexual.





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