“El impuesto del 1% a las remesas en EE.UU. no tendrá una afectación tan importante”, dice el analista económico Jorge Calderón

“El impuesto del 1% a las remesas en EE.UU. no tendrá una afectación tan importante”, dice el analista económico Jorge Calderón


El inicio del 2026 plantea un escenario de contrastes para la economía ecuatoriana. Tras un 2025 marcado por la recuperación de indicadores clave, el país se enfrenta ahora a la necesidad de sostener el crecimiento en un entorno de moderación estadística y vencimientos de deuda. En un espacio de diálogo de Manavisión Plus, el economista Jorge Calderón, ofreció una radiografía detallada sobre el impacto del impuesto del 1% a las remesas, el riesgo país, la inflación y los nuevos retos fiscales.

-Un excelente 2026 es lo que queremos los ecuatorianos en lo económico. ¿Podríamos hacer una evaluación general de la situación económica arrancando este año para el país, Jorge?

Realmente el 2025 cerró con importantes logros macroeconómicos. Es evidente una de las principales noticias que ha generado optimismo: el riesgo país. Cerramos en los 499 puntos y al día de ayer estaba en 462 puntos, reduciéndose aún más. Esto es vital porque es la forma en que nos ven desde afuera; esa percepción se traduce en confianza.

¿Para qué le sirve esto al ciudadano? Si quisiéramos acceder a créditos, estos podrían ser a una tasa de interés mucho más baja. Es como el historial crediticio de una persona; si tu ‘score’ (puntaje) es aceptable, te dan mejores condiciones. Por otro lado, las reservas internacionales superarán los 10 mil millones de dólares, muestra de la fortaleza de la dolarización. Además, las exportaciones de café, cacao, banano y minería crecieron entre el 21% y 24% hasta noviembre, lo que dinamiza sectores y crea empleo.

-Hemos hablado de puntos positivos, pero ¿cuáles considera que serían esos desafíos o retos macroeconómicos para que Ecuador esté mucho mejor en este 2026?

Existen desafíos que hay que enfrentar. El primero, sin duda, es el déficit fiscal; un tema estructural que hay que corregir para mejorar la relación de ingresos del Estado. Lo segundo es la situación de la Seguridad Social; hay un problema actuarial que requerirá sacrificios de empleados, empleadores y Gobierno.

Y un tercero es el tema de la deuda. Hay que tener presente que a cualquier gobierno le habrían tocado los problemas de deuda de 2026 y 2027. Esto sucede porque durante la pandemia (2020-2021) se hicieron renegociaciones y diferimientos que coinciden justamente ahora. Son tres desafíos importantes que serán parte del libreto del Gobierno este año.

-El Banco Central proyecta un crecimiento económico mucho más lento para este año. ¿Qué factores están detrás de esa moderación?

Tocas un punto muy importante. El 2025 cerrará con un crecimiento cercano al 4.2%, lo cual es muy bueno, pero tiene un “efecto rebote” porque en 2024 la economía se contrajo por la crisis energética. En 2026 volvemos al comportamiento histórico de crecimiento, que suele estar entre el 1.8% y 2.2%.

El Banco Central está siendo prudente. Tenemos el tema de la producción petrolera, que en 2025 tuvo problemas de inversión y geológicos. Además, está el precio internacional que no controlamos. Por eso el Gobierno le apuesta a otros sectores; estamos regresando a la tendencia histórica tras el rebote del año pasado.

-¿Qué sectores podrían tener mayor potencial de crecimiento ante el desplazamiento del petróleo como única fuente de dinamismo?

En 2025 hubo un buen comportamiento de las exportaciones no petroleras. Sin embargo, el cacao empezará a moderarse porque los precios internacionales van a la baja debido a que los países africanos ya están recuperando su producción. El camarón también presenta un crecimiento más lento.

Donde veo un potencial enorme es en el sector de minas; si le damos apertura responsable, podríamos tener un “boom” igual o mayor al del petróleo. También el consumo local se ha dinamizado, especialmente por la reducción de impuestos en feriados, lo que demuestra que con impuestos más bajos la gente consume más.

-Hablemos del impuesto del 1% para las remesas en efectivo desde EE.UU. que rige desde el 1 de enero. ¿Cómo impactaría esto a las familias ecuatorianas?

Personalmente, no creo que vaya a haber tanta afectación. Expliquemos por qué. Se estima que recibimos cerca de 7.500 millones de dólares en remesas, de los cuales el 75% viene de EE.UU. El 1% de eso serían unos 58 millones de dólares que “teóricamente” se dejarían de recibir.

Pero esto es una cuestión de hábitos. El impuesto se aplica en las casas de giro, pero existen excepciones en la ley federal: si se usan transferencias bancarias o cargos a tarjetas de débito/crédito, no se paga el 1%. Los migrantes buscarán alternativas legales o canales informales (familiares que viajan). Probablemente las cifras oficiales bajen porque se privilegiarán estos canales, pero el dinero terminará llegando en las mismas cuantías.

-¿Cree que en el futuro este impuesto se aplique también a las remesas digitales?

Esperemos que no. Mucho dependerá del uso que se le dé a los otros canales. Como analogía: cuando aquí se eliminó el subsidio a la gasolina Súper, la gente se fue a la Extra o Eco. Si el movimiento en transferencias digitales se dispara, tal vez algún congresista decida gravarlas, pero no debería ser en el primer año.

-Muchos ecuatorianos dicen que el país siempre está en crisis, pero vemos centros comerciales llenos. ¿Realmente estamos en crisis o es un paradigma instalado?

Creo que hay paradigmas instalados. Siempre habrá desafíos, pero corregir problemas estructurales de décadas toma tiempo y tiene costo político. No es algo rápido; como analogía, no porque le des más ácido fólico a una mujer embarazada el niño nacerá en seis meses; debe cumplir su proceso de nueve meses. La economía es igual: hay que generar confianza para que venga la inversión extranjera, porque el Estado nunca tendrá recursos suficientes por sí solo.

-Finalmente, ¿qué políticas deberían tomarse para que el ciudadano sienta la mejora en su bolsillo a corto plazo?

Hay que reducir esa brecha entre la macroeconomía y el bolsillo. La inflación baja ya ayuda, porque la gente siente que puede comprar más si el precio del huevo o la papa baja. El Gobierno debe lograr hitos de corto plazo, como resultados en seguridad a través de la cooperación internacional. Si la gente ve que las cosas pasan, la sensación de bienestar mejorará. La inversión extranjera en el primer semestre ya duplicó a la de 2024; todo eso debe cristalizarse en acciones que el ciudadano pueda percibir directamente.

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