• 3 minutos de lectura
El 5 de abril, la Iglesia católica conmemora la vida de Santa Juliana de Mont-Cornillon, también conocida como Santa Juliana de Lieja, una monja mística belga cuya labor fue determinante para la institución de la solemnidad del Corpus Christi. Nacida en 1193 en Retinne, cerca de Lieja, dedicó su existencia a la vida religiosa y a la promoción de la adoración eucarística.
Vida consagrada
Santa Juliana quedó huérfana a la edad de cinco años y fue confiada, junto a su hermana Inés, al cuidado de las monjas agustinas en el hospicio de Mont-Cornillon. Allí recibió una educación sólida, destacando por su conocimiento de las Sagradas Escrituras y de las obras de los Padres de la Iglesia, especialmente de San Agustín y San Bernardo. A los 13 años, decidió ingresar como religiosa en la misma comunidad, donde años más tarde, en 1222, sería elegida como priora.
Según los registros históricos y hagiográficos, Juliana poseía una profunda devoción por el Santísimo Sacramento, una inclinación que era compartida por otros movimientos espirituales femeninos en la región de Lieja, conocidos por su enfoque en la humanidad de Cristo y la presencia real en la hostia consagrada.
La visión de la luna
A partir de 1209, Santa Juliana de Mont-Cornillon empezó a tener una visión recurrente: una luna llena que presentaba una mancha oscura o una franja negra que interrumpía su resplandor. Tras años de oración, ella interpretó que la luna representaba a la Iglesia, mientras que la mancha simbolizaba la ausencia de una festividad litúrgica dedicada exclusivamente a la celebración y adoración de la Eucaristía.
Santa Juliana de Mont-Cornillon mantuvo estas visiones en secreto durante casi 20 años, temiendo la incomprensión de sus contemporáneos. No fue sino hasta que asumió el cargo de priora que confió su misión a otras dos mujeres místicas: Eva de Lieja e Isabel de Huy. Juntas buscaron el consejo de clérigos eminentes de la época, entre ellos Jacques Pantaléon, quien en ese momento era archidiácono de Lieja y más tarde se convertiría en el Papa Urbano IV.
Oposición y reconocimiento oficial
A pesar del apoyo de algunos teólogos, Santa Juliana de Mont-Cornillon enfrentó una fuerte oposición por parte de sectores eclesiásticos y civiles que consideraban innecesaria una nueva festividad. Las disputas internas en su comunidad y la persecución de algunos magistrados la obligaron a abandonar Mont-Cornillon en varias ocasiones, viviendo como una reclusa itinerante en diferentes monasterios cistercienses.
Finalmente, el obispo de Lieja, Roberto de Thorete, aprobó la celebración a nivel diocesano en 1246. Tras la muerte de Juliana el 5 de abril de 1258 en Fosses-la-Ville, su causa fue continuada por Eva de Lieja. En 1264, el Papa Urbano IV, mediante la bula Transiturus de hoc mundo, extendió la festividad del Corpus Christi a toda la Iglesia universal, convirtiéndose en el primer dogma que se instituyó a partir de una revelación privada.
Canonización
Santa Juliana de Mont-Cornillon fue canonizada oficialmente por el Papa Pío IX en 1869, reafirmando su papel como la “Apóstol de la Eucaristía”.
La elección del 5 de abril como su día de fiesta corresponde a la fecha de su fallecimiento, momento en que, según la tradición cristiana, se celebra su nacimiento a la vida eterna.





Leave a Reply