más allá de la niñez, el desafío de crecer

más allá de la niñez, el desafío de crecer


01 de abril de 2026 • 20:00

4 minutos de lectura

Recibir un diagnóstico de autismo en el año 2013 no era igual que recibirlo hoy. Para Verónica Andrade, madre de una adolescente con esta condición, aquel momento fue un impacto “muy duro”. La primera reacción fue la negación; la idea de que todo era un error. Sin embargo, trece años después, su testimonio habla de una transformación profunda. 

Verónica entendió que el camino no era intentar que su hija “encajara” en la normalidad a la fuerza, sino que ella y su entorno debían adaptarse. En aquellos primeros años, la comunicación fue clave. “Empezamos rotulando toda la casa, trabajaba con la hermana (su segunda hija) por medio de pictogramas. La música siempre fue su fuente de comunicación, eso siempre la ha relajado. De hecho, antes de hablar ella cantaba”, contó la madre de familia. 

Un desafío para el sistema educativo

Este 2 de abril de 2026, Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, es muy importante hacer énfasis en que esta no es una condición exclusivamente infantil, señala madre de familia. “El autismo no se acaba cuando el niño crece”, sostiene con firmeza. Desde su experiencia, indica que existe una preocupante desatención para los adolescentes de entre 12 y 15 años; pues señala que el sistema parece asumir que, al llegar a cierta edad, las terapias y los apoyos dejan de ser necesarios. De acuerdo a datos estadísticos del Ministerio de Salud, cerca de 31 mil personas certificadas con discapacidad psicosocial, relacionada con el autismo. 

Con ella coincide Nathaly Granja, médico familiar y directora de INTEA, un centro terapéutico especializado en el neurodesarrollo y abordaje integral del autismo (TEA),  la situación actual, al menos, en las instituciones educativas del sector público, es crítica. La profesional menciona que la saturación de las aulas y la falta de personal son las principales barreras para una inclusión real. “Escrito todo está”, afirma en relación con las leyes de inclusión en Ecuador, pero hace un llamado directo al Ministerio de Educación para que se pongan en práctica. Su prioridad número uno es clara: capacitación docente para que haya mayor inclusión y mejor atención. 

Las señales de alerta del autismo

La visión clínica de Granja es clara: el autismo no es una enfermedad, sino una condición. “Es una forma diferente de ver el mundo, un tipo de personalidad”, sostiene. Con el apoyo familiar, profesional y comunitario adecuado, una persona con autismo puede y debe, alcanzar metas académicas, laborales y familiares como cualquier otro ciudadano.

Para ello, asegura, es muy importante un diagnóstico temprano, que por lo general se logra desde los dos años de edad de un niño. Este factor, según Granja, ha logrado exponer y diferenciar el autismo de otras condiciones. “No es que haya más casos, es que existe un mayor profesionalismo en el campo del diagnóstico”, explica, señalando que en el pasado la falta de identificación dejó a muchos adultos hoy sin un diagnóstico claro.

La detección temprana es, según la especialista, el factor que “cambia o mejora diagnósticos”. Para padres y cuidadores, las señales de alarma principales aparecen en la primera infancia:

  • Falta de respuesta al nombre: El niño no reacciona cuando se le llama.
  • Alteraciones sensoriales: Hipersensibilidad a sonidos, texturas o luces.
  • Dificultad en la interacción social: Tendencia a esquivar a sus pares o retraso en hitos del desarrollo temprano.
  • Estimulación temprana: La doctora enfatiza que el abordaje profesional antes de los dos años es vital para garantizar una vida tranquila y funcional.

Un grupo de apoyo con más de 200 familias

Hoy, Verónica es socia fundadora de la asociación “Un lugar para tus sueños” (Autismo Manabí en Facebook), una red que comenzó con diez personas y hoy sostiene a más de 200 familias. Su mensaje para los padres que recién reciben un diagnóstico es claro: no están solos. Pero también deja una lección para la sociedad: el éxito no se mide en metas convencionales, sino en la paz de poder disfrutar de un paseo o ver una película en familia, entendiendo que el autismo es simplemente otra forma de percibir y comunicar el mundo.

Al final del día, para esta madre, el éxito se ha redefinido. No se mide en grandes hitos académicos o sociales, sino en la tranquilidad de lo cotidiano. Un día exitoso es aquel en el que su hija está en paz, “cuando se disfruta de algo tan simple como una película o un paseo”

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