El lugar de milagros para pescadores: esperanza y rezos

El lugar de milagros para pescadores: esperanza y rezos


26 de marzo de 2026 • 17:37

4 minutos de lectura

Pedro Vargas

Pedro Vargas

Redacción ED.

Las familias de pescadores desaparecidos han convertido un pedazo de acera en un altar improvisado donde piden un milagro que casi nunca llega. El trozo de acera está en los bajos del edificio de la Capitanía del Puerto de Manta. 

Allí, bajo el sol incesante, se reza, se llora y se exige respuestas que el mar se niega a entregar. En poco más de un año y tres meses, tres embarcaciones manabitas desaparecieron en altamar con un total de 45 pescadores. Solo uno de esos casos tuvo un final distinto al esperado: un milagro.

El primer barco

El peregrinaje comenzó con el Patricia Lynn. La embarcación zarpó del puerto de Manta el 21 de diciembre de 2024 con 21 tripulantes. Días después perdió toda comunicación. Nunca más se supo de la nave ni de sus hombres. Las familias, desesperadas, se apostaron desde los primeros días en los bajos de la Capitanía.

Llegaban temprano, se iban tarde. Lloraban, protestaban, oraban. Cada día era igual: la misma espera, las mismas preguntas pero no se daban por vencidos. Con el paso de las semanas, el Municipio les facilitó una carpa y sillas.

Bajo ese techo compartían café, bocadillos y, sobre todo, historias. Hablaban de sus esposos, de sus hijos, de los sueños truncados. Escuchaban con el corazón encogido las preguntas de los niños más pequeños: “¿Cuándo vuelve mi papi?”. Allí, entre lágrimas y silencios, nació una especie de hermandad del dolor.

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Familias de los pescadores del Patricia Lynn. – La Marea

María Chóez

María Chóez se convirtió en la voz de todos. Comerciante y dirigente barrial, asumió el rol de portavoz con una fuerza que pocos tenían. Presionaba a las autoridades, organizaba las vigilias y mantenía viva la exigencia de verdad.

El 25 de septiembre de 2025, mientras atendía su negocio de encebollados en el centro de Manta, hombres armados le dispararon en múltiples ocasiones. Su asesinato silenció una de las pocas voces que aún gritaba los nombres de los 21 desaparecidos.

El miedo hizo el resto: las familias dejaron de congregarse. Un día, simplemente, la carpa y las sillas ya no estaban.

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María Chóez, dirigente asesinada. – La Marea

El barco Fiorella

Pasaron más de trece meses desde ese primer golpe cuando llegó el segundo. El 13 de enero de 2026, el pesquero Fiorella zarpó desde el muelle de Jaramijó, en Manabí, con ocho pescadores a bordo. La última comunicación se registró alrededor del 20 de enero. Días después, las autoridades confirmaron la pérdida total de la embarcación tras un incendio.

Dos tripulantes que se habían separado temporalmente fueron rescatados por otra nave y relataron haber visto humo en el punto donde debería estar el Fiorella. Los otros ocho permanecen desaparecidos.

Sus familias también llegaron a la Capitanía, pero la esperanza duró poco. El ciclo de vigilia y espera se repitió, esta vez con menos fuerza y más resignación.

El milagro del Negra Francisca Duarte

Y entonces ocurrió el milagro. El 18 de marzo de 2026, se reportó una explosión e incendio en la embarcación Negra Francisca Duarte II, que dejó la nave totalmente perdida. A bordo viajaban 16 pescadores. Durante ocho días angustiosos, sus familias vivieron la misma pesadilla que las anteriores: la espera en los bajos de la Capitanía, las oraciones colectivas, el temor a que el mar no devolviera a nadie.

Ocho días después del siniestro, la Armada de El Salvador rescató con vida a los 16 hombres, encontrados a la deriva en aguas internacionales. El milagro se había cumplido, aunque casi nunca llega. 

El trozo de vereda sigue allí, mudo testigo de una tragedia que se repite. Un lugar donde el mar se lleva hombres y, a veces, solo a veces, decide devolverlos. 

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